El Coraje de Ser Mariposa

La tarde de ayer, las calles de la ciudad de Rosario se tiñeron de verde y violeta. La marcha del 8M concentró ayer a más de 30.000 personas, con las mujeres como protagonistas, copando las calles del centro de la ciudad, aclamando por la legalización del aborto seguro y gratuito, de la Ley de Equidad y del “Cupo Trans”; la igualdad de oportunidades y de remuneración en los puestos de trabajo para las mujeres, “contra el ajuste, la entrega y la represión”, el rechazo a la reforma laboral y previsional, que se terminen los femicidios, se detenga la violencia de género, el abuso y el acoso en las calles y en los hogares y así también la homofobia, la lesbofobia y la transfobia.

Madres. Familiares. Amigas. Compañeras de militancia. Juntas tomaron las banderas, el glitter, la purpurina y los carteles con diferentes enunciados, todas para demostrarse las unas a las otras que no están solas, y que quieren que el machismo y el heteropatriarcado que dominan nuestra sociedad y nuestra cultura desaparezcan de una vez por todas.  Las protagonistas de este encuentro, y el principal punto de interés de este cronista, son las innumerables jóvenes que tomaron las consignas del movimiento feminista y lo hicieron carne, sudor y alegría, en un día que era su día, pero que lejos estaba de ser un festejo. Fue un día de conmemoración, de lucha. De empoderamiento.

Como todo movimiento ideológico que tarde o temprano se transforma en un colectivo de militancia y predicación de sus ideas, el feminismo surge luego de un momento bisagra, fundamental para su posterior desarrollo; en este caso, de la Revolución Francesa. El feminismo como tal nace como un movimiento filosófico que encontró la diferenciación con el Estudio de la Mujer desde su posicionamiento estratégico, visibilizando y atacando el problema desde el punto de vista ideológico, político y jurídico.

No es menor la convocatoria ya que no sólo se sumaron inmensas cantidades de personas independientes que quisieron marchar en favor de lo ya dicho en los párrafos anteriores, sino que las 16 cuadras de largo que sostuvo la enorme columna contenían a varios sindicatos, organizaciones de derechos humanos, LGBTI, a los partidos políticos, y también a un frente que apareció hace poco tiempo en las manifestaciones populares, la Federación Secundarios Rosarinos, que representa desde hace ya tiempo un colectivo de jóvenes (muy jóvenes) desde los Centros de Estudiantes de las diferentes escuelas secundarias. Ellos, con su corta edad, salieron a marchar en defensa de los derechos de sus compañeras, de sus madres, de sus hermanas. De las mujeres. Dan a entender otro de los puntos que relucieron al 8M, y es la conciencia joven dispuesta a manifestarse por conseguir sus derechos. Una juventud comprometida que le pone el cuerpo y el alma a las luchas de los colectivos populares y que decide manifestarse sin ponerse debajo de una bandera partidaria, por más que entre ellos tengan posicionamientos o mandatos diferentes. Otra de las menciones especiales debe ser sin dudas para la gran cantidad de mujeres independientes, jóvenes y adultas que participaron por pura convicción genuina, sin el pañuelo verde o pintura sobre su cuerpo. Su sencillez de ciudadana comprometida y su convicción de que la lucha es de todas. Eso también es feminismo.

Fue una marcha caracterizada por la alegría: miles de rostros pintados con el verde de los pañuelos por el aborto seguro, legal y gratuito, y el violeta que simboliza el movimiento feminista. La tangente entre avenida Corrientes y la plaza Sarmiento se vio poblada de varias decenas de mujeres bailando al son del candombe, del bombo. El “hit del verano” también se hizo escuchar en todos los sectores de la columna, al igual que la ingeniosa combinación del pedido de misoprostol en una famosa canción futbolera. Muy pocos y aislados fueron los incidentes ocurridos, lo cual marcó a la movilización como una marcha pacífica a lo largo del microcentro.

Si le preguntan al presente cronista sobre el porqué de las marchas y porqué ésta en particular fue diferente al resto de las manifestaciones que han movilizado las calles de la ciudad, la respuesta es que cuando el pueblo marcha, en todo su conjunto, más allá de las banderas, de los colores, de las diferencias en el “cómo”; es porque hay un problema tangible y que es de todos, y que nos ha llevado a marcar la línea y decir “hasta acá llegamos”.

Y la marcha del 8M fue distinta. No todas las causas movilizan a semejante cantidad de gente bajo un único grito. El llamado de atención fue hecho y la tierra tembló bajo el paso de las decenas de miles de personas (mujeres que se manifestaron en toda su sororidad y hombres que se solidarizaron con sus compañeras, con sus amigas, con sus familiares, y que ven las falencias de un sistema machista). La tierra tembló porque es machista. Tembló porque se ha enterado de que el silencio de las oprimidas, de los “putos”, de las “tortas”, de las “trans”, de los femeninos en su conjunto, se terminó.

En un mundo de gusanos capitalistas, hay que tener coraje para ser mariposa” – Lohana Berkins, activista transgénero argentina y defensora de la identidad transgénero y férrea luchadora por los derechos de la mujer y contra la violencia de género.

 

Por Manuel Parola