Mujer y Política. Desafíos actuales

Si con alguna frase quisiera comenzar esta breve presentación en ocasión del día Internacional de la Mujer, es con Ahora es el momento.

¿Y por qué ahora? Porque el presente es el exacto momento de la decisión, de la acción, de no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Tan sencillo como la idea de que al pasado no podemos modificarlo, solo nos queda sentar las bases que deben repercutir indefectiblemente en un futuro, y por qué no en un presente mejor.

Todos los días debemos alzar la voz por los derechos, la igualdad y la justicia de las mujeres. Temas como el acoso sexual, la violencia y la discriminación hacia las mujeres han acaparado los titulares de periódicos y noticieros como así también el discurso público, y la agenda política con una ascendente determinación en pos del cambio. Así fue que el presidente Mauricio Macri en su discurso ante la Asamblea Legislativa del Congreso el pasado 1 de marzo hizo clara mención a que “no podemos permitir más que una mujer gane menos que un hombre. No es justo. No está bien. Según el INDEC, las mujeres cobran casi 30% menos que los hombres. Esto no puede seguir así.”[1]

Asimismo, personas de todo el mundo se están movilizando para conseguir un futuro que sea más igualitario y equitativo. Lo cual se ha manifestado en forma de marchas y campañas de alcance mundial, incluyendo el movimiento #NiUnaMenos en Argentina en contra de la violencia hacia las mujeres, el #MeToo en los Estados Unidos y sus repercusiones en diversos países, como protesta contra el acoso sexual y la violencia, y tantas otras iniciativas que abordan cuestiones que incluyen desde la igualdad salarial hasta la representación política de las mujeres.

Hoy tenemos la oportunidad para transformar este impulso en medidas tendientes a empoderar a las mujeres y reivindicar sus derechos, para que de esta manera estén en condiciones de desarrollar su pleno potencial. Asimismo, para materializar la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de no dejar a nadie atrás es preciso actuar con celeridad para garantizar, una vida sin violencia ni prácticas nocivas para las mujeres así como la seguridad alimentaria y la nutrición, el trabajo decente, la educación y la salud, lo que incluye la salud sexual y reproductiva.

Mujer y política

En estricta referencia a la representación de las mujeres en los poderes legislativos, el porcentaje de mujeres en las cámaras legislativas nacionales se ha convertido en una medida estándar de los logros de un país para determinar la participación de ellas en la política. A nivel mundial, la media ha aumentado lentamente, sin embargo aún está lejos de reflejar el porcentaje que representan las mujeres en el conjunto de la sociedad. También se visualizan amplias diferencias entre los órganos locales de gobierno. De esta manera estamos ante una violación directa de los derechos políticos de las mujeres y pueden limitar sus derechos en otras esferas, sobre todo si se tiene en cuenta el papel central que desempeñan los parlamentos nacionales y los órganos locales en la formulación, aplicación y supervisión de las leyes y los presupuestos.

Según datos ofrecidos por ONU Mujeres, para el año 2017:

  • Solo un 23,3 % de parlamentarios nacionales son mujeres (junio de 2017), lo que significa que la proporción de mujeres parlamentarias ha aumentado muy lentamente desde 1995, cuando se situaba en un 11,3 %
  • Ruanda es el país con mayor número de parlamentarias; un 61,3 % de los escaños de la cámara baja están ocupados por mujeres.
  • A escala mundial, en junio de 2017 había 32 Estados donde las mujeres representan menos del 10 % del total del parlamento en cámaras únicas o bajas, incluidas tres cámaras sin presencia femenina.

Diferencias entre regiones

  • Siguen existiendo diferencias importantes en los porcentajes promedio de parlamentarias según las regiones. En junio de 2017 se registraban los siguientes porcentajes (cámaras únicas, bajas y altas combinadas): países nórdicos, 41,7 %; Américas, 28,1 %; Europa (incluidos los países nórdicos), 26,5 %; Europa (excluidos los países nórdicos), 25,3 %; África subsahariana, 23,6 %; Asia, 19,4 %; países árabes, 17,4 %; y la región del Pacífico, 17,4 %.[2]

Otras esferas de gobierno

  • En enero de 2017, solo el 18,3 % de los cargos ministeriales estaban ocupados por mujeres, ocupando carteras como medio ambiente, recursos naturales y energía, seguidas de otras de carácter social como asuntos sociales, educación y familia.
  • No existen suficientes datos sobe la representación de las mujeres en los gobiernos locales, constituyendo una deficiencia importante de conocimiento.

Aumento de la participación

  • En junio de 2017, solo 2 países tenían un 50 % o más de mujeres en el Parlamento, ya sea en la cámara única o baja: Ruanda con el 61,3 % y Bolivia con el 53,1 %. En Bolivia actualmente existe la ley de paridad, por lo cual la representación de hombres y mujeres es pareja. No obstante, un número más elevado de países ha alcanzado el 30 % o más de representación femenina. En junio de 2017, 46 cámaras únicas o bajas estaban compuestas en un 30 % o más por mujeres. Esto incluye 19 países de Europa, 13 del África subsahariana y 11 de América Latina. Además, algunos países han aplicado algún tipo de cuota de paridad (cuotas establecidas por ley o escaños reservados) y han abierto así un espacio para la participación política de las mujeres en los parlamentos nacionales. Argentina acaba recientemente de convertir en Ley el proyecto de paridad.

Cada vez más mas hechos comprueban que el liderazgo de las mujeres en los procesos políticos y de toma de decisiones mejora dichos procesos. Las mujeres demuestran liderazgo político trabajando independientemente de su afiliación política en los grupos parlamentarios de mujeres, incluso en los ambientes políticos más reacios, y defendiendo cuestiones relativas a la igualdad de género, como la lucha contra la violencia de género, las licencias parentales y el cuidado de los hijos, las pensiones, las leyes sobre igualdad de género y las reformas electorales.

Santa Fe:

El Poder Legislativo de la Provincia es ejercido por la Legislatura, compuesta de dos Cámaras (Senadores y Diputados).

La Cámara de Senadores se compone de un senador por cada departamento de la Provincia, de los 19 departamentos, solo 1 tiene una Senadora (San Martín). A su vez la Cámara de Diputados se compone de 50 miembros, correspondiendo 28 al partido que obtenga mayor número de votos y 22 a los demás partidos, en proporción de los sufragios logrados. Actualmente 18 son mujeres.

Respecto a los diputados nacionales, Santa Fe cuenta con 19, de los cuales 8 son mujeres, luego de las elecciones de octubre pasado ingresaron 4 mujeres Lucila Lehmann (Espacio Carrió), Gisela Scaglia (PRO), Alejandra Rodenas y Josefina González  Frente Progresista.

Asimismo, nuestra provincia aporta 3 senadores nacionales, 1 es mujer.

Finalmente, en cuanto a los ministerios, de los 14, 5 mujeres poseen el cargo de Ministras (Salud, Educación, Producción, Innovación y Cultura, Ciencia y tecnología).

Rosario

En relación al Concejo Municipal de Rosario, de un total de 28 concejales, 11 son mujeres.

En síntesis en nuestra provincia, el porcentaje de representación femenina se aproxima al 30% con variaciones según la función que ejerzan. Esto demuestra que la ley de paridad, en  lugar de ser un piso para la participación de las mujeres, es un techo.

Para concluir, hacer mención que en noviembre de 2017 la Cámara de Diputados convirtió en ley el proyecto que promueve la aplicación del principio de  paridad de género en las listas de candidatos a legisladores nacionales. Para lo cual en las elecciones de 2019 la representación femenina subirá del 33% al 50%. El proyecto había sido aprobado en octubre de 2016 por el Senado.

América Latina

Históricamente, las mujeres han enfrentado mayores desafíos sociales y continúan luchando por la equidad en ciertas sociedades. La Organización de Estados Americanos (OEA) está comprometido a trabajar para asegurar iguales derechos sociales, económicos y políticos para todos en nuestro continente, indiferente al género, y ha tomado una posición de liderazgo en el apoyo a movimientos en defensa de la mujer en las Américas.

En estricta referencia a la representación femenina en las instancias de poder es importante destacar que en el momento en que la presidenta chilena, Michelle Bachelet, finalice su mandato en marzo, no habrá ninguna presidenta en América Latina.

En un momento de 2014, la región llegó a tener cuatro presidentas: Laura Chinchilla en Costa Rica, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Dilma Rousseff en Brasil y Bachelet. No se vislumbra en el futuro cercano que tengamos presidentas en América Latina.

Sin embargo, si nuestra región pretende mantener el terreno avanzado y contribuir a garantizar que las mujeres sigan escalando a las principales posiciones del quehacer político, América Latina debe tener muy claro hasta qué punto sirven los recursos legales para impulsar el ascenso de las mujeres.

Si bien es cierto que las leyes que establecen cupos mínimos de candidatas para puestos legislativos han creado oportunidades para que las mujeres progresen en sus carreras políticas, no han tenido injerencia sobre las percepciones tradicionales respecto a quien debe ocupar el ejecutivo de cada país.

Mujeres accedieron a los congresos nacionales gracias a las cuotas de género arriba mencionadas. Fue Argentina en donde se aprobó la primera ley (1991) a nivel mundial que establecía cuotas para el número de candidatas al Congreso de la Nación. A partir de esa ley, los partidos políticos se encuentran obligados a nominar mujeres al menos en un 30%. En la actualidad, solo quedan dos países de América Latina que no han promulgado leyes de cuotas de género o paridad aplicables a los candidatos legislativos, Venezuela es uno.

Se puede citar como ejemplo a Costa Rica, Ecuador, México y Nicaragua en donde las mujeres ocupan más del 35% de las bancas. En Bolivia, el Congreso de Diputados de Bolivia cuenta con mayoría femenina y ocupa el segundo lugar mundial en mayor representación parlamentaria de mujeres.

Retomando la labor de las presidentas que tuvo América Latina en los últimos años, hay que recordar que en  2016, el senado brasileño destituyó a Rousseff y la sometió a un juicio por prácticas contables que por mucho tiempo se habían considerado normales en Brasil. Cuando el presidente Michel Temer asume de manera interina designó únicamente a hombres de raza blanca para integrar su nuevo gabinete, en un país donde la mayoría de los ciudadanos no son blancos. Por su parte, Temer enfrentó recientemente acusaciones de corrupción más graves que las hechas en contra de Rousseff e incluso se dijo que ordenó a sus subordinados pagar sobornos. De cualquier forma, sobrevivió la votación para someterlo a una destitución. Por su parte Cristina Kirchner enfrenta también procesos judiciales por sospechas corrupción durante sus mandatos. América Latina parece que no tuviera candidatas para ocupar el ejecutivo de sus países. De manera muy tibia suenan algunos nombres de mujer en Uruguay.

A pesar de que la región se ubica por encima del promedio mundial en cuanto al número de mujeres que desempeñan cargos de alto nivel, solo representan el 5% de los cargos en consejos de administración en seis de las mayores economías de América Latina. En muy pocas ocasiones las mujeres encabezan delegaciones de su partido en los congresos[3].

Es indispensable contar con leyes de género y paridad. En el caso de Chile, gracias a la cuota de género casi se duplicó el número de mujeres tras las elecciones más recientes, en las que Sebastián Piñera resultó electo.

El cambio debe ser cultural, acabar con el sexismo y la hostilidad que impide a las mujeres acceder a posiciones de poder.

A nivel mundial los datos que se poseen sobre la representación femenina en el poder ejecutivo y en el parlamento al 1º de enero de 2017, muestra lentos avances hacia la igualdad de género a nivel regional y nacional. Las mujeres con cargos en el poder ejecutivo y el parlamento se ha estancado y sólo ha experimentado algunas mejoras marginales desde 2015, según los datos aportados por el Mapa de la participación de las mujeres en política 2017. Hay progresos, pero son demasiado lentos. Hubo un aumento muy ligero del 22,6% en 2015 al 23,3% en 2016. Si seguimos a este paso, nos tomará 50 años alcanzar la paridad.

Para alcanzar la paridad de género debe haber voluntad y compromiso político a todos los niveles, incluyendo el de jefe de Estado y de gobierno y el de los partidos políticos.

Por su parte, la responsable de ONU Mujeres afirmó que los datos del Mapa reflejan claramente una trayectoria de persistente ausencia de la voz de las mujeres. Habló de la violencia física y el hostigamiento que las mujeres políticas sufren al igual que el tratamiento que les ofrece la prensa, preocupada más por lo que visten, que por los aportes que hacen a las sociedades.

Según el Mapa, sólo once mujeres son jefas de Estado y de gobierno, 53 son jefas de parlamento (19,1%) y 1.237 ocupan carteras en 186 países.

Los sectores que dirigen principalmente son Medio Ambiente, Recursos Naturales, Energía, Familia, Infancia y Juventud, Asuntos de la Mujer, Educación, Cultura y Empleo.

A nivel mundial, Nicaragua comparte el primer lugar con Bulgaria y Francia, con nueve ministras cada uno. En el caso de representación parlamentaria, Cuba ocupa la tercera posición con 299 diputadas, seguida por México en el octavo lugar con 213 legisladoras y Ecuador en el 11º, con 57.

En 2017, América logró avances importantes. La tasa de representación femenina se incrementó hasta el 25% (frente al 22,4% de 2015), lo que supuso una nueva cifra máxima regional. Sin embargo, se produjo una drástica disminución del número de jefas de Estado o gobierno, después de que las presidentas de Brasil y Argentina dejaran el cargo[4].

Canadá y Nicaragua sobrepasaron la paridad de género, mientras que Trinidad y Tobago y Uruguay alcanzaron o sobrepasaron el 30%. En cambio, Brasil prosiguió la tendencia descendente, pasando de una representación del 25,6% en 2014, al 15,4% en 2015 y al 4% en 2017.

Luego de este breve recorrido de lo que sucede en la región en cuanto al acceso de las mujeres a instancias de poder, solo resta por señalar que lo importante es aprovechar esta oportunidad, celebrar los logros, tomar medidas y transformar las vidas de las mujeres en todo el mundo. AHORA es el momento.

Lic. Paula Sanmarti

Representante en Argentina Red Humanista por Latinoamérica

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