Se cerró el acuerdo que se venía anunciando con bombos y platillos desde la corrida cambiaria del mes pasado. Se ultimaron detalles y salió a la luz en la tarde del jueves, con anuncio oficial y conferencia por parte los dos negociadores: Federico Sturzenegger (BCRA) y Nicolás Dujovne (Hacienda).

El monto: 50.000 millones de dólares.  Con desembolsos progresivos y a pagar de aquí a tres años. A este monto deben sumársele cerca de 6.000 millones de dólares que pondrán a disposición otros organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

La cifra es abultada, mayor a la esperada por el mercado, que consideraba que unos 30.000 millones de dólares significaba un espaldarazo grande de la comunidad internacional al gobierno argentino. La cifra fue aún mayor, y a los ministros, que se mostraron sonrientes en conferencia, pareció reconfortarlos.

Los condicionamientos son típicos de un arreglo de este tipo: acelerar con la reducción del déficit y bajar la inflación. Se acabó el gradualismo. Para el año 2019 el déficit primario debe ser del 1,3% (el objetivo del gobierno para ese año era de un 2,2%), y para el 2020 las cuentas públicas deben estar completamente saneadas. Tarea monumental la que se le plantea al ministro de hacienda, una reducción del gasto en los próximos tres años de más de 3% del PBI argentino: ajuste.

En cuanto a la inflación, se fijaron objetivos que parecen más realistas comparados con los que venía fijando el Banco Central para los años anteriores y para este. “Definimos una meta de inflación para fin de 2019 del 17%, para 2020 del 13% y 9% para 2021. Si tenemos una inflación (interanual) del 20, 21% para junio del año que viene es que estamos en buen camino de cumplir los objetivos. Nos comprometemos a eso”, señalo la autoridad máxima del BCRA.

Sobre el desequilibrio externo no hubo comentarios. Argentina tuvo un déficit de cuenta corriente de alrededor del 5% del PBI en el año 2017, y todo parece indicar que se va a incrementar para este año. La idea madre detrás de los acuerdos Stand By del FMI, es la de una ayuda financiera para subsanar problemas de balanza de pagos, que está relacionado con el déficit fiscal, pero no es lo mismo ni por asomo. Sobre esto no se pronunciaron los ministros, y el tema es importante. Si sigue esta sangría de dólares a través del mercado externo, no hay Stand By que aguante. Anualmente unos 30.000 mil millones de dólares se van en atesoramiento y viajes al exterior; es decir, turismo y fuga de capitales. Si esto sigue así, este monto prestado se esfumaría  en menos de dos años.

La devaluación del último mes pareció un pequeño alivio a esta última cuestión, se encarecen los productos de afuera y se abaratan los nuestros (a la espera del pasaje a precios internos). Sin embargo, ante la explícita negativa del Banco Central a comprar los dólares que el gobierno consiga afuera (para no emitir pesos a cambio e incrementar las presiones inflacionarias), y ante las necesidades de financiamiento fiscal en pesos argentinos por parte de hacienda, al gobierno no le va a quedar otra que salir a vender los dólares en el mercado. A pesar de la expresa condición del FMI a seguir con el esquema de flotación de la divisa (como factor estabilizador de desequilibrios externos), esta entrada masiva de dólares al mercado libre de cambios puede significar un nuevo atraso cambiario artificial.

Las previsiones de crecimiento para este año ya se habían rebajado a rangos entre el 1% y el 1,7% entre analistas, y refrendado en conferencia por el ministro Dujovne, previo a esta decisión de incrementar el ajuste fiscal. El pronóstico de crecimiento para el año entrante es, cuanto mínimo, una incógnita.

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