El 14 de junio del 2018 es un día realmente histórico: hoy es el 90º aniversario del nacimiento de Ernesto Che Guevara en la ciudad de Rosario. Y a su vez, por una diferencia muy estrecha, a las 10 de la mañana la Cámara de Diputados le dio media sanción a la Ley de Aborto Legal, Seguro y Gratuito, luego de que tomara por primera vez desde el regreso de la democracia y de siete intentos fallidos, estado parlamentario.

Durante esta semana, hubo un gran alboroto por el ploteo del rostro del Che en una línea de colectivos, de la mano del concejal Gabriel Chumpitaz, bajo el argumento de que se trata de una figura contradictoria que no representa a la población de Rosario. Esta opinión sin dudas que es abrazada por mucha gente. De hecho, la figura del Che es estigmatizada con diversas connotaciones: por asesino, por haberse ido tan joven del país luego de graduarse de médico, por comunista, por guerrillero – una palabra muy castigada y mal recordada por muchos en Argentina. Todo por culpa de la misma mala yerba: la falta de información. Y como toda yerba mala, ésta nunca muere. Entre los medios hegemónicos de información en donde se lo desprecia o se lo enaltece, o los militantes de la posverdad en donde se lo tacha de genocida sin detenerse en su perfil humanitario, solidario; todos serviles a una misma divisa que es la de evitar que su mensaje de cuestionar, de desobedecer, de movilizarse por las convicciones de uno se divulguen. Ernesto Guevara fue un hombre que hizo lo peor que puede hacer un hombre: decir lo que se piensa y hacer lo que se dice, y poner esto al servicio de combatir las injusticias del mundo. Puede que muchos no se sientan representados por la figura del Che Guevara, pero esto es el resultado de haber ocultado y denostado su simbología. El filósofo Darío Sztajnszrajber, cuando visitó la ciudad de Rosario con motivo de la jornada de charlas titulada “90 Veces Che”, comenta que la apropiación de la figura de quien luchó toda su vida por poner en duda el orden establecido y el sistema capitalista para ponerla industrialmente en millones de remeras para su comercialización es también otra forma de poder divulgar su mensaje de rebeldía.

Durante el Mayo Francés, revuelta organizada inicialmente por el sector estudiantil de la sociedad, al cual después se les sumaron los sectores obreros, se cansaron de pintar la cara del Che en las paredes de los barrios de París. Ese evento, que tuvo lugar apenas un año después de la muerte de Guevara en Bolivia, fue el paso a dar para que la juventud a nivel global (ya que el Mayo Francés fue la piedra basal para que ocurrieran puebladas históricas como el Rosariazo y el Cordobazo, hitos fundamentales para que finalizara la dictadura de Juan Carlos Onganía) se apropiaran del instinto de hacer carne un pensamiento. La manifestación social como un derecho y una herramienta de cambio y de protesta.

Hoy, el máximo exponente de la rebeldía, de poner en duda el orden establecido, desde los roles sociales, económicos y culturales es el movimiento feminista. No es casual, sino causalidad, que las impulsoras  este movimiento sean mujeres desde los 13 años en adelante, con una fuerza de convicción y un sentimiento de propiedad de las calles que no se veía desde el Rosariazo y Cordobazo. No es casual tampoco que se los critique a los jóvenes, justamente por esto: la propensión a la crítica, a reformular lo formulado.

Media sanción. Pero es un paso ENORME para cambiar el paradigma hacia un mundo más justo, más equitativo y con muchísimas menos injusticias, como quería Ernesto Guevara. Y aunque tal vez sea casual, nuevamente reiteramos, es causal de esto el trabajo incansable, admirable y emocionante del colectivo Ni Una Menos y el movimiento feminista, fruto de, entre otras cosas, del trabajo de rebeldía, de desobediencia, de problematización de esa figura barbuda, gris y luchadora que estaría cumpliendo hoy sus 90 años.

Ernesto Che Guevara dijo “Hasta la Victoria Siempre” (por más que el Frente para la Victoria se apropiara de esta frase). Las feministas lo hicieron carne, y hoy, después de décadas de lucha y un laburo de concientización y deconstrucción extraordinarios, tenemos media sanción. Y eso ya es una victoria. Vayamos por eso, en la lucha contra todas las injusticias del mundo, tal como le legó al mundo ese guerrillero asmático que le vió la cara a la muerte todos los días de su vida, y por tanto, no hubo hombre que viviera más o mejor: en la lucha de construir no sólo un mundo más justo, sino un hombre nuevo.

Por Manuel Parola

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