¿Qué hay detrás de nuestra adicción a Netflix?

La plataforma maneja un algoritmo que pone en jaque a los viejos métodos de la TV, al tiempo que manipula al inocente espectador

No es tarea sencilla mantener satisfechos a 140 millones de suscriptores con dispares gustos y contextos. Sino pregúntenle a Netflix, que utiliza un meticuloso pero eficiente sistema que modifica y posiciona los títulos de acuerdo a los hábitos de cada uno. Ese perverso algoritmo recoge información, diseña la página de inicio y hasta asegura (o no) la renovación de algunas series, mientras contenta al espectador con lo que cree que quiere ver.

Cada vez que accedés, la aplicación exhibe un determinado catálogo calculado milimétricamente en base a las interacciones (historial y calificaciones), la actividad de otros suscriptores con preferencias similares, los dispositivos desde los cuales se mira el contenido y el tiempo y horario dedicado a la visualización.

El sistema se retroalimenta constantemente: la clave está en los llamados microgéneros. Sí, los a veces bizarros que se leen en cada descripción de película o serie. “Héroes unidos”, “Poco convencional” y “Secretos bien guardados” son algunos de los que componen el amplio abanico que va configurando las recomendaciones. En lugar de agrupar a los usuarios por edad o género, el servicio rastrea los hábitos e identifica a casi 2.000 clusters, que son prácticamente comunidades que comparten gustos.

En simples palabras, Netflix ofrece a cada suscriptor el contenido que supone que más disfrutará. Y muy raras veces falla, siendo honestos. Ya no se trata de captar audiencias globales ni captar segmentos demográficos, sino de conseguir la atención de grupos específicos. Algo así como la “burbuja de filtros” que cada uno de nosotros hoy experimenta en las engañosas redes sociales.

Se trata de un modelo totalmente opuesto al de la desorientada tv tradicional. Claro que una buena publicidad durante el prime time puede hacer que cientos de miles de personas deseen adquirir un producto, pero en la actualidad, a fin de cuentas, se pierden potenciales compradores por generalizar el target.

El beneficio para Netflix está en las conexiones que se dan entre los clusters, por más diferentes y hasta antagónicos que resulten entre ellos.

Olivia De Carlo, directora de contenido original, lo ejemplifica a la perfección en una reciente entrevista brindada a Vulture.

“‘Black Mirror’ juega bien en los clusters 290 y 56. Nosotros no decimos que la serie sea para esa audiencia, sino que después de estrenarla comenzamos a analizar sus patrones. Es posible que no encuentres una similitud obvia entre ‘El día de la marmota’, ‘Lost’ y ‘Black Mirror’, pero el agrupamiento tiene sentido al trazar una línea que une a estos mundos sobrenaturales. Las redes lineales tienen su propia manera de conducir al público a lo que quieren ver”, explicó. En ese sentido, postuló que “si un espectador todavía no vio ‘Black Mirror’, pero sí ‘Shameless’, ‘Orphan Black’ y ‘The OA’, podemos estar seguros al sugerirles la antología de ciencia ficción”. 

¿Qué tienen en común “Ozark” y “The Good Place”? Nada. Pero los antecedentes de Jason Bateman en la sitcom “Arrested Development” -y en otras películas de comedia- son suficientes para que te inclines a darle una oportunidad a la disparatada fantasía protagonizada por Kristen Bell.

Ni los pósters mostrados en las filas del inicio se salvan del algoritmo. Si miraste varias películas en las que aparece Emma Stone, que no te sorprenda si la imagen con la que se promocione “Birdman” sea la de la actriz. O si antes viste “Kill Bill Vol.1”, Uma Thurman ocupe toda la portada de “Pulp Fiction” antes que John Travolta o Samuel L. Jackson.

En promedio, cada usuario chequea entre 40 y 50 títulos antes de decidirse por una película o serie, por lo que la categorización es clave para el éxito del que goza Netflix.

Después de todo, ya se volvió anecdótico que todos estén mirando lo mismo. Lo importante es la fragmentación y el poder que cada uno posee para decidir qué, cuándo y dónde mirar, por más cliché que se lea a estas alturas.

“Queremos atraer a tanta gente distinta como podamos y apelar a los muchos cambios de humor que pueda tener cada persona. Estamos por todo el mundo. Pero Netflix no se trata de geografía, no se trata de género, no se trata de la edad. Se trata realmente del gusto personal de alguien”, resume Todd Yellin, vicepresidente de la compañía.