Rogelio Araya: un hombre sediento de libertad y justicia

“Artículo 1º: Modifíquese el artículo 7 de la ley de ciudadanía núm 346 en la siguiente forma: Los argentinos varones que hubiesen cumplido la edad de 18 años y las argentinas mujeres que hubiesen cumplido 22 años gozan de los derechos políticos conforme a la constitución y las leyes de la república.”

De esta manera, un 25 de julio de 1919, Rogelio Araya, diputado nacional por la Unión Cívica Radical (UCR), dio comienzo a la presentación de un extenso número de proyectos de ley que intentaron legislar en favor de los derechos políticos de la mujer, hasta que se dio sanción a la ya conocida ley 13.010 en 1947.

Su objetivo era el de procurar “la emancipación civil de la mujer”, expresando a su vez que la igualdad de ésta con respecto al hombre emanaba de la naturaleza misma. Y que la aprobación de dicha norma representaría un acto “de estricta justicia”. Una de las preguntas más resonantes en sus argumentaciones fue la de “¿Por qué la mujer ha de tener que obtener leyes que disponen sobre su persona y bienes si en ella no sólo no han tenido participación, sino que ni siquiera han sido oídas?”. Pues para Araya la negativa a posibilitar la participación política de la mujer respondía a una  pretensión de perpetuar la idea de que ésta fuera  “una sometida y no la igual al hombre”. Pero valdría profundizar más acerca del clima en que estos conceptos tan relevantes fueron desarrollados, y que encuentran su génesis en los acontecimientos anteriores y posterioresen que se lleva adelante esta acción trascendental para la vida del país.

Así fue que poco tiempo antes Alicia Moreau de Justo, en su calidad de médica, enviaba al gobierno nacional de Hipólito Yrigoyen, un informe haciendo referencia a la salud femenina infantil, la educación sexual y sanitaria, la protección laboral y el papel que debía cumplir el Estado respecto a estos temas. A  su vez que creaba el Comité Femenino de Higiene Social, con el objetivo de denunciar y eliminar las diferentes formas de comercio de mujeres con fines de prostitución. Entre tanto, Juana María Beggino, llegaba a integrar el comité ejecutivo del Partido Socialista.

En este escenario, Julieta Lanteri, impulsaba el nacimiento del Partido Feminista Nacional. En un corto lapso, amparada en un fallo judicial, se convertía en la primer mujer candidata a un cargo electivo, lanzando su candidatura a diputada nacional con propuestas con licencia por maternidad y subsidio estatal por hijo, igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos, el sufragio universal para los dos sexos, horario máximo de seis horas de trabajo para la mujer, salario igual para trabajos equivalentes para los dos sexos, divorcio absoluto y representación proporcional de las minorías en los órdenes nacional, provincial y municipal.

Por entonces Alfonsina Storni publicaría un artículo en la revista La Nota acerca de  la mujer argentina, titulado Votaremos. En él comentaba el camino en el que despertaría e irrumpiría en lágrimas “de protesta, de dolor, de tristeza”, hasta llegar a ser ciudadana.

En consonancia se daba la experiencia multipartidaria de la Asociación Pro Derechos de la Mujer, presidida por Elvira Rawson de Dellapiane, que marcaría a Araya por dos motivos: en primera instancia por la participación activa que éste llevó adelante en la vida de esta nueva organización conjuntamente con Enrique Barroetaveña y en segundo lugar, porque la Dra. Rawson de Dellapiane interpeló a Araya como presidente del Comité Nacional de la UCR a través del envío de una misiva en la cual se adjuntaba el programa de la Asociación y se consultaba acerca de la actitud que la UCR tomaría “frente al problema social que entraña el programa de la Asociación Pro-Derechos de la Mujer”.

Fue ante esta situación que Araya se comprometió a enviar, tras la convocatoria del Comité Nacional a la Convención Nacional del partido, la introducción del estudio de los temas planteados por la Asociación “en consonancia con la capacidad demostrada por las mujeres en todos los órdenes”. Consideraba que tenían todos los méritos necesarios para semejantes transformaciones en favor de “la mayor igualdad humana sin distinción de razas y sexo”. No obstante las palabras volcadas no se concretaron, sino hasta la presentación del proyecto en cuestión.

Este accionar de Rogelio Araya representó sin duda una respuesta contundente en las convicciones frente al avance de la participación laboral-política-intelectual-social de la mujer, que desde 1890 con el nacimiento de los partidos políticos argentinos, donde pese a las diferencias existentes entre las mujeres que adherían a determinadas instituciones políticas, existía una sororidad en la lucha en la que también encontraban lugar aquellos hombres sedientos de libertad y justicia.-

 

Por Facundo E. Peralta.