Alejandro Sanz comenzó su gira en Rosario con un show de alto impacto

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Durante casi dos horas, las miles de almas que colmaron el Autódromo vibraron con la magia de un concierto ecléctico y atrapante.

Por Lucas Rivero 

 

  Los embotellamientos, tráfico sobrecargado y bocinazos llegando al Autódromo valieron los nervios. La logística organizativa necesaria puertas adentro para llevar adelante un concierto de éstas magnitudes, a mitad de una semana laborable y después una tormenta con aguacero, es un mérito aparte. Todo conspiró para que la noche fuese inigualable, con una luna llena sobrevolando el escenario y una brisa sutil que amenizaba el calor esperable en últimos suspiros del verano durante marzo. El músico elogió la organización de la producción local y se tomó su tiempo para manifestar, sin imposturas ni grandilocuencia condescendiente, lo feliz que se sentía en su regreso a Rosario. A casi dos años de su última visita, habiendo superado una aguda depresión mediante, el artista entregó un show a la altura de los estándares que un artista internacional de su relive, referente de la música en español, amerita. “Y ahora qué?” se titulan tanto la gira como el álbum que se presentó en apenas una pincelada de tres temas: “Bésame”, que lució junto a sus coristas, “El vino de tu boca”, con guitarra verde en mano, y “Hoy no me siento bien”, reivindicando un mensaje necesario y resignificada en clave de rumba, haciendo gala a la estética de los carnavales mexicanos.

  ‘Y ahora qué?’, abraza una retórica de la que se puede desmenuzar en las significaciones más complejas, que permanecen de modo tácito aplacando el deseo de una respuesta inmediata. El inicio fue fiel al inmenso signo de pregunta color naranja que acaparaba la pantalla semicircular alta. La música instrumental de Génesis fue recibiendo a la multitud que se iba acomodando, cuando a las 21:04 se apagaron las luces desatando la adrenalina esperada de cualquier show. ‘Ahora música’ fue el mensaje en pantallas a modo de prefacio. Otra incógnita hecha balada fue la elegida para comenzar. La sombra del artista por lo alto de las tarimas del escenario desató la ovación de los rosarinos, al indagar con entusiasmo: “¿Esta noche promete?”. Los alaridos se intensificaron al iluminarse la figura de Sanz con las primeros versos de “Desde cuándo”. La puesta en escena se encendió por completo en un espectáculo digno de asombro. Una parafernalia tridimensional con descomunal pantalla semicircular de fondo y otra por lo alto en la parte frontal del escenario. Acompañado por un hipnótico juego de luces y otras dos pantallas que capturaba el show y algunas impresiones del público, el resultado fue imponente.

  Enfocado y de look austero, el cantante dejó fluir su sonrisa y recorrió los laterales del escenario durante “Capitán tapón”, tema inspirado en su hijo. “Por bandera”, una de las perlas del disco ‘3’ a mediados de los noventa, vuelve a sonar en ésta gira con un  pedido de paz imprescindible y atemporal, que lo mostró bajando las escaleras  flameando los colores argentinos con llamaradas de chispas completando una escena conmovedora. “Que buena cita”, expresó con sagacidad el artista antes de “Bésame”, seguida por la desoladora “A la primera persona”, que interpretó con gafas oscuras, apoltronado en un sillón y con un exquisito solo de trompeta. Se pudieron distinguir los primeros acordes de uno de sus mayores clásicos. “Alfonso no juegues con nuestras ansiedades”, le pidió al pianista dando lugar a “Mi soledad y yo”, la primera de las más cantadas por el público. En “Try to save your song”, la banda conquistó la escena demostrando proeza, versatilidad y un potente capital sonoro. Una formación musical de primer nivel acompañó al artista, con mayoría de mujeres y cosmopolita, con músicos que llevan sus raíces en Bosnia, Perú y diversos países.

  “Quisiera ser” es una de las infaltables. De gorra blanca el cantante regresó al escenario para una fidedigna versión de éste clásico, en el que relucieron los vientos. “La música quizás no puede parar un tanque pero le puede tocar el alma al guerrero que lo conduce”, expresó Sanz antes de la reciente “Hoy no me siento bien”. Algunas canciones fueron acortadas con motivo de oxigenar astutamente el show. Se obtiene un resultado más satisfactorio cuando el público queda con ganas de unos minutos más de show, que retenerlos en una extensión innecesaria. Así ocurrió con “Regálame la silla donde te esperé” y los ansiados hits “Amiga mía” y  “El alma al aire”. “Deja que te bese” continuó impregnando de color una noche plagada de sorpresas. Yami Safdie fue una de ellas. Tras una introducción extendida, se la pudo ver por pantallas tras bambalinas y llegando al centro de escenario con el cantante, para una visceral versión de “Cuando nadie me ve”. El público desgarró alaridos para cantar cada uno de los temas más conocidos. “Mi marciana” no fue la excepción, revitalizada con un intenso solo de batería.

  El final del show comenzaba a palpitarse con la liberadora “No es lo mismo”, en la que descendió al centro del escenario una inmensa estructura de luces móviles que producían diferentes efectos. Alejandro Sanz se permitió explorar en melodías que lo habitaron durante años y entregando lo máximo de su capacidad vocal. Un solo de guitarra medió entre el aparente final y el comienzo de “Aquello que me diste”, otra de las más celebradas por los rosarinos. Para los bises, aportando una vuelta de ingenio, regaló una sublime versión con traje acústico de “¿Y si fuera ella?”. A solas con el piano y con una inmensa luna deslizando en pantallas, en artista emocionó con los esmerados agudos de “¿Lo ves?”.

  “Toda esta parafernalia no sirve si no hay conexión”, afirmó Sanz antes de culminar el show manifestando una profunda y sentida gratitud. El artista no podía despedirse sin el mayor de sus clásicos. “Corazón partío” sorprendió al público a partir de la segunda estrofa, remozando el tema en clave electronica y transformando al Autódromo en una pista Rave. Entre bolas de espejos y lluvia de papeles blancos, el artista desandó cada extremo del escenario despidiéndose emocionado con el estribillo de la recordada “Pisando fuerte”, siguiendo el mood electro. Alejandro Sanz continúa siendo impredecible, y en el vaivén de lo incierto permanece su talento y su esencia a la intemperie. Con guitarra en mano y la voz quebradiza, sosteniendo un corazón ‘partió’ y resiliente, con ‘el alma al aire’, y aún más.

 

FOTOS: Ph Diego de Bruno/ Ph Giuliana Reyna