Apolo, el club que reabrió sus puertas por la lealtad de los vecinos

La institución fundada el 1º de mayo de 1949 resurgió por la intervención de la hija de uno de sus fundadores y de un grupo de personas que nació, se crió y vive en el barrio Cinco Esquinas

El Club Sportivo Apolo resurgió luego de padecer un delicado cuadro de situación. Tanto económico como edilicio. Pero logró reabirir sus puertas, recuperar la alegría y darle una luz de esperanza a la barriada. Hoy está nuevamente de pie. Se mueve con una gran fuerza pujante que ilusiona a futuro cercano. La institución fundada el 1º de mayo de 1949 late sobre la cortada Apolo a la altura de 1918 (Pasco al 3400) al ritmo de un grupo de pujantes y flamantes directivos que nacieron, se criaron y viven en el barrio Cinco Esquinas.

Una de los pilares que posibilitó poner en funcionamiento las instalaciones es Alicia Ferreyra. La arquitecta de profesión y actual normalizadora del club es hija de uno de los fundadores del espacio que quiere volver a ser un punto de encuentro para los leales vecinos.

 

Lazos de sangre

El vínculo de Alicia con Apolo data desde la infancia. “Esta institución surgió de una convocatoria de los vecinos, quienes deseaban contar con un espacio para distenderse una vez que salían del trabajo. Buscaban un núcleo social”, arrancó expresando la arquitecta de 66 años.

“Y así fue como mi padre, Nolberto Ferreyra, y tres amigos le dieron vida un primero de mayo de 1949 a lo que naturalmente se denominó Club Sportivo Apolo”, acotó la actual normalizadora del verdiblanco.

Ferreyra también explicó que “al principio solo había dos canchas de bochas y un recinto muy pequeño que oficiaba como una especie de despensa. La gente se reunía por las tardes y los fines de semana para recrearse un rato, jugar a las cartas, al truco esencialmente. El clima siempre fue muy familiar, por cierto”.

“Durante muchísimo tiempo se hicieron en estas históricas instalaciones todos los eventos del barrio como bautismos, casamientos, cumpleaños de 15, etc. Era el punto de encuentro para la barriada”, recordó. “Mis abuelos eran libaneses y también aprovechaban para relacionarse con otros inmigrantes de la zona. Siempre fue un lugar de todos”, acotó.