Bad Bunny hizo historia en el Super Bowl: un show latino, político y atravesado por un mensaje universal

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Por Alejandro Ale Horgiy

El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl reafirmó su lugar como el evento global más esperado del año. Este 2026, Bad Bunny encabezó una actuación que fue mucho más que música: fue identidad cultural, presencia latina y un mensaje universal de amor y unidad

El Super Bowl es la final del fútbol americano, pero también es, desde hace décadas, el show más visto y el minuto más caro de la TV mundial, con anuncios que superan los 7 millones de dólares por 30 segundos. Artistas, marcas y líderes políticos saben que estar ahí significa trascender fronteras.

Este año, la elección de Bad Bunny estuvo cargada de expectativas y polémica desde antes de empezar. El expresidente estadounidense Donald Trump criticó su participación, calificándola como “un error gravísimo”. Lo que siguió, sin embargo, fue una respuesta contundente sin necesidad de palabras.

Un latino solo en la cima

Por primera vez, un artista latino encabezó en solitario el show del medio tiempo. Si bien Shakira brilló junto a Jennifer Lopez en 2020 —esta última es estadounidense—, la presentación de Benito Martínez Ocasio marcó un hito cultural: la consolidación definitiva del pop latino como una de las fuerzas dominantes de la industria global.

Por primera vez, un artista latino encabezó en solitario el show del medio tiempo. Si bien Shakira brilló junto a Jennifer Lopez en 2020 —esta última es estadounidense—, la presentación de Benito Martínez Ocasio marcó un hito cultural: la consolidación definitiva del pop latino como una de las fuerzas dominantes de la industria global.

Su relevancia no es casualidad. El artista arranco este año con una cosecha histórica en los premios Grammy, donde su álbum “Debí tirar más fotos” se llevó Álbum del Año —el mayor galardón de la ceremonia— además de otros reconocimientos, reafirmando su peso artístico y su impacto mundial.

Bad Bunny no es solo un fenómeno de streaming y ventas; es un símbolo cultural. Su presencia hoy habla de una industria global que escucha español, que consume reggaetón y que reconoce la música latina como parte integral del mainstream.

Un escenario con identidad

El show comenzó de forma inesperada: un enorme campo de maíz ocupaba el centro del estadio. No había futurismo artificial ni exceso tecnológico, sino una postal profundamente humana.

Personas comunes, vendedores ambulantes, adultos mayores jugando, parejas bailando. La alegría cotidiana convertida en espectáculo. América Latina no como estereotipo, sino como territorio vivo.

Bad Bunny recorrió sus clásicos mientras el estadio vibraba, hasta que un fragmento de Daddy Yankee sonó de fondo. Durante unos segundos, el público creyó que el pionero del reggaetón sería el invitado sorpresa. Pero el show todavía guardaba varios golpes de efecto.

Lady Gaga, Ricky Martin y una fiesta continental

La primera gran aparición fue Lady Gaga, que emergió en escena para interpretar “When You Die Smile” en una versión salsa tan inesperada como electrizante. Hubo química inmediata: pasos compartidos, sonrisas cómplices y un cruce artístico que unió dos mundos musicales.

Minutos después, el estadio explotó con la entrada de Ricky Martin, protagonista de uno de los momentos más celebrados de la noche y símbolo indiscutido del crossover latino en el mercado estadounidense.

Pero el cierre fue la imagen más potente: banderas de todos los países de América desplegadas sobre el campo.

El mensaje era imposible de ignorar

En un contexto político atravesado por discursos antiinmigrantes, el espectáculo respondió con una idea simple, directa y profundamente emocional:

América somos todos

El halftime volvió a demostrar que ya no es solo entretenimiento: es cultura pop, geopolítica y narrativa global en tiempo real.

Bad Bunny no dio simplemente un recital. Construyó una escena, una postura, una identidad. Sin discursos explícitos, pero con símbolos claros, dejó en evidencia que el pop también puede ser un espacio de representación.

Porque si algo quedó flotando cuando se apagaron las luces fue la frase que atravesó todo el espectáculo:

Lo único más poderoso que cualquier frontera, cualquier idioma o cualquier diferencia… es el amor.