Piden enviar a juicio a los detenidos por el intento de asesinato de CFK y apuntan a la custodia

El fiscal Carlos Rívolo acusó a Sabag Montiel y Brenda Uliarte como coautores del atentado y a Nicolás Carrizo como partícipe secundario

A punto de cumplirse nueve meses del atentado contra Cristina Kirchner, la fiscalía repasó las pruebas recolectadas en el expediente y pidió mandar a juicio oral a los detenidos: Fernando Sabag Montiel, quien le apuntó a la vicepresidenta a la cabeza; su novia, Brenda Uliarte, que lo acompañó hasta ahí e ideó el ataque; y el jefe de los “copitos” Nicolás Carrizo, a quien se sindica como un partícipe secundario. En su dictamen de 199 páginas, el fiscal Carlos Rívolo sostuvo que “la prueba reunida durante la instrucción ha permitido comprobar que la conducta que se intentó llevar a cabo fue premeditada, es decir, que los imputados habían ideado un plan para llevar a cabo el asesinato de la Vicepresidenta de la Nación”. Y uno de esos planes fue infiltrarse en movilizaciones kirchneristas. Así lo había pensado su novia. “Es cuestión de organización y hacer como un caballo de Troya”, dijo.

Tal como lo exhiben los videos que tomaron los propios simpatizantes de CFK, “aprovechándose de la confusión y desprolijidad que generaba la multitud de personas, Sabag Montiel extiende su brazo para pasar la primera línea de individuos que conformaban un cordón humano frente a la Vicepresidenta, apunta el arma de fuego que portaba en dirección a su rostro, la acerca a escasos centímetros y acciona el gatillo, al menos en una oportunidad, llegándose a escuchar incluso el click”, afirmó el fiscal.

El tiro no salió, pero el arma estaba apta para disparar. “Imaginate los nervios. Tiré del gatillo y el tiro no salió”, le diría el atacante hace unos meses al canal C5N, pese a que en la causa se negó a declarar y solo habló para intentar despegar a Brenda. El arma que llevaba Sabag no la vio Cristina ni tampoco sus custodios. Solo notaron un tumulto. Fueron los los militantes kirchneristas los que detuvieron a Sabag Montiel para que no se escapara. Desde entonces, el joven está preso. Cuatro días después fue atrapada su pareja, que logró escapar disimuladamente del lugar.

Lo que estableció el fiscal es que no se encontraron pruebas que demuestren que el grupo tuvo una “financiación” para llevar adelante el intento de homicidio. El estado patrimonial de los tres arrestados lo demuestra. La que más dinero percibía era Brenda publicando contenido hot. Ni siquiera tuvieron que comprar la pistola Bersa con la que Sabag Montiel gatilló sin que la bala saliera. El arma era propiedad de un conocido con el que había convivido y que ya se murió. No está claro si se la compró o se la quedó.

“La actividad desplegada por los nombrados para llevar a cabo el ataque no requirió -por sus características- de financiamiento económico ni de recursos extraordinarios. El día del hecho se trasladaron en transporte público y se aproximaron al lugar como lo habían hecho días anteriores -de a pie- a lo que se sumó la obtención del arma de fuego perteneciente al fallecido Herrera -vecino de Sabag Montiel y con quien convivió por un breve lapso de tiempo-. Con la pistola oculta entre sus ropas, el nombrado se ubicaría entre los seguidores de su víctima, disimulado como uno más, con el objeto de lograr acercarse a ella y ejecutar su designio criminal”, se afirmó.

El pedido de la fiscalía para mandar este tramo de la causa a juicio no implica cerrar la instrucción. Mientras en un debate oral se dirima la responsabilidad del trío arrestado, el fiscal, que tiene delegada la pesquisa, seguirá analizando otras puntas, desde la hipótesis de los autores intelectuales hasta el rol de la custodia vicepresidencia, señalaron fuentes judiciales.

“A solicitud de los secretarios de Cristina y de la mandataria no se nos permite realizar el diagrama de cobertura de 360 grados debido a que ella solicita el contacto con la militancia constantemente”, admitió uno de los policías de la custodia vicepresidencial cuando le tocó declarar como testigo, según el escrito.

Sin embargo, la postura del Ministerio Público choca de lleno con la interpretación de la vicepresidenta sobre cuál debe ser el curso de la causa. La querella reclamó que el caso no vaya juicio hasta no profundizar pistas como la que salpica al diputado del PRO Gerardo Milman, luego de que un testigo, asesor legislativo del Frente de Todos, dijera que lo había escuchado en un bar 48 horas antes del ataque decir “cuando la maten yo voy a estar camino a la costa”.

Para la vicepresidenta, desmembrar la investigación atenta contra el curso del proceso. Y en el mismo escrito sus abogados José María Ubeira y Marcos Aldazabal aprovecharon la oportunidad para volver a criticar a la jueza María Eugenia Capuchetti, a quien tildan de encubridora. Por lo últimos movimientos de la causa y a raíz de la aparición de una de las secretarias de Milman que pidió ampliar su declaración para dar detalles de cómo había sido el borrado de su teléfono que ella confesó, la querella también recusó al fiscal Rívolo, planteo rechazado por la magistrada y apelado en Cámara.

Con la opinión de la fiscalía, ahora la jueza correrá vista a las defensas. Se descuenta que los dos defensores oficiales de Sabag y Brenda avalarán ir a juicio en breve. En su momento, ni siquiera apelaron los procesamientos que quedaron firmes en septiembre del 2022, cuando todavía no se había cumplido un mes del atentado. Lo mismo viene pidiendo el abogado de Carrizo, Gastón Marano, sobre todo para apurar una definición sobre el estado de detención de su cliente en una celda de la cárcel de Marcos Paz.

El atentado ocurrió la noche del 1° de septiembre de 2022. Cristina Kirchner llegaba a su casa, en la esquina de Montevideo y Juncal en el barrio porteño de Recoleta. Allí la esperaban, como desde el día en que el fiscal Diego Luciani pidió su condena a 12 años de prisión por asociación ilícita y defraudación al Estado en la causa Vialidad, un nutrido grupo de militantes para saludarla. Sabag Montiel también estaba allí. Se acercó y le apuntó en la cara con una Bersa calibre.32, que gatilló al menos una vez. La bala no salió porque no estaba cargada en la recámara. Terminó atrapado por militantes, sin que la custodia de Cristina Kirchner ni ella misma se dieran cuenta de lo que había pasado.

Según se logró determinar en la causa apenas unos días después del ataque fue que el plan para matar a Cristina Kirchner comenzó hace casi un año: el 22 de abril del 2022. “Para limpiar la Argentina hace falta que corra sangre”. Ese día, la joven le contó a una amiga que tenía un arma. Tres meses después, el 4 de julio, Brenda le reveló a Agustina Díaz, su amiga agendada como “Amor de mi vida”: “Voy con el fierro y le pego un tiro a Cristina… me dan los ovarios para hacerlo … el tema es cómo porque la vieja tiene seguridad”.

El dictamen de Rívolo modifica apenas unos días esa fecha. El dato surge de la recuperación de algunos datos del celular de Sabag Montiel -que quedó reseteado en el intento de obtener la información em las primeras horas del hecho, cuando fue manipulado por técnicos de la Policía Federal y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, episodio que también se investiga-.

“No se pudo determinar de forma certera en qué momento específico y de qué forma Sabag Montiel se hizo del arma Bersa. Se desconoce si la tomó él sin el conocimiento de Herrera (el vecino), o si éste se la dio en algún momento durante el tiempo que convivieron. Cualquiera haya sido el caso, lo que la prueba colectada demuestra es que Sabag Montiel estuvo en poder del arma desde, al menos, el 20 de abril del 2022. Esto quedó acreditado con el análisis de la información contenida en el teléfono celular que se le secuestró a Sabag Montiel el día del hecho, donde la primera fotografía del arma utilizada que se halló databa de esa fecha”, según detectó la DATIP (Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal de la Procuración General), señala el escrito de Rívolo.

La recolección de testigos, entre los cuales está la propia Cristina Kirchner, dan cuenta de la confusión que había en los alrededores de la casa de la vicepresidenta. CFK no vio el arma que le apuntó a su cabeza. Así lo dijo cuando declaró frente a la jueza Capuchetti y el fiscal Rívolo en su casa, horas después del ataque. “Cuando vine acá luego de salir del Senado la gente me estaba esperando a la salida de casa con canticos, apoyo y libros para firmar. Cuando bajo, hago un trayecto y la gente se forma en un semicírculo sobre la calle Juncal. Yo comienzo a caminar, saludo a la gente y muchos de ellos traen libros para que se los firme. Cuando estaba dando la vuelta por la calle Juncal, veo que alguien revolea un libro. Es la primera vez que me pasa desde que presenté el libro”

“Nunca me paso que revoleen un libro. Cuando pasa eso, me agacho a agarrarlo. Cuando me levanto, veo que se arma un tumulto de personas que agarran a una persona. Ahí recordé que el día anterior un repartidor había agredido a una persona de mi custodia y pensé que era un caso similar. Luego, termino el circulo, firmo unos libros más y entro a mi domicilio. Cuando venía en el ascensor, mi secretario Diego Bermúdez estaba muy nervioso y me dijo que creía que había habido un arma porque había escuchado un clic. Cuando llegamos al domicilio, nos sentamos en el comedor diario, vimos las imágenes y constatamos lo que había ocurrido. Ahí me empiezo a enterar lo que había pasado (…) Reitero, solo me di cuenta del hecho cuando lo vi por televisión”, añadió.

Pero el fiscal resaltó que “los efectivos afectados a la custodia vicepresidencial tampoco vieron el arma en ningún momento durante el ataque. Todos ellos manifestaron que se generó un tumulto cerca de donde estaba la Vicepresidenta, pero debido a la cantidad de gente no pudieron observar el arma”. Según sostuvo, “el operativo de la custodia, tal como fue llevado a cabo y más allá de cuanto resulta objeto de las investigaciones penal (en la causa conexa) y administrativa, no logró disuadir, advertir ni evitar la actividad criminal desplegada por Sabag Montiel contra la Vicepresidenta de la Nación”.

Sabag lo atrapó un militante de La Cámpora. “Yo fui a apoyar a Cristina -declaró-, yo milito con el Ateneo Néstor Kirchner que somos varias organizaciones dentro del Ateneo. Yo estoy de frente a la Vice. Yo estaba medio del costado derecho mirándola de frente a Cristina. Yo veo un brazo que pasa y gatilla (…) A Montiel no lo vi antes. Cuando gatilla escucho un tac, un ruido de apretar el arma. Escuché un sonido, un ruido metálico (…) ahí me lanzo y le agarro el brazo izquierdo. Yo lo toco primero con mi brazo izquierdo y después la derecha. Ahí veo que tiene un revolver y me le tiro encima, por arriba de una compañera que estaba haciendo el cordón conmigo (…) yo soy el que grita ahí está el fierro, ahí está el fierro. El tiró el arma”.

“Con esto queda acreditado, a criterio de esta representación, que las condiciones que se generaron en ese momento y en ese lugar determinados, fueron deliberadamente aprovechadas por Sabag Montiel, dado el estado de indefensión de la víctima quien se encontraba rodeada de sus seguidores, y constituyeron el marco ideal para llevar cabo el designio criminal que se habían planteado los imputados, quienes lograron sacar provecho de ello y actuaron conscientes y amparados por tal situación”, sostuvo el fiscal.

Brenda también estaba allí. Había estado con él todo el día, según reconstruyeron las cámaras de seguridad y la geolocalización de sus teléfonos. “Caminaron portando una bolsa que ambos cargaron indistintamente durante los trayectos que realizaron, puede presumirse fundadamente que estuvieron toda la jornada en posesión del arma de fuego que esa misma noche iba a ser utilizada por Sabag Montiel para perpetrar la agresión”, dijo el Ministerio Público.

Ya en julio, Brenda Uliarte tenía pensado atentar contra la vida de la Vicepresidenta utilizando un arma de fuego. Estaba organizándose para “ir a hacer bardo a la Casa Rosada”. De su teléfono surgen frases como “Yo estoy con ganas de ir a reventar la quinta de Olivos o la casa rosada con bombas molotov”; “a mí si me re dan los ovarios para hacerlo”; “sé usar un fierro, no soy francotiradora pero algo es algo. Hay que encontrar un hueco, ser estratega. No es fácil pero hay que encontrar la vuelta”; o “no voy a ser boluda de automandarme al muere”.

Según la fiscalía, esta claro que “casi dos meses antes del atentado, tenía pensado “organizarse” para llevar a cabo el acto; tenía claro que no podía hacerlo sola y que debía llevar a cabo un plan idóneo para cometer el acto sin ser descubierta”. “Indudablemente llevaban un plan en mente y en conjunto. Recordemos que, en efecto, Sabag Montiel se mezcló deliberadamente entre simpatizantes de la víctima. Personas que, en alguna medida, podría decirse que fueron consideradas confiables o de baja peligrosidad como para que la Vicepresidenta pudiera acercarse a saludar y autografiarles sus libros a muy corta distancia; a una que asegurara el resultado -a traición y sobre seguro- buscado por los imputados: el escenario propuesto por Brenda Uliarte”.

La joven hasta pensó en alquilar un departamento en Recoleta con un francotirador para cuando la ex jefa de Estado saliera al balcón. “La podemos hacer pija, eh… si, hay que ir y pegarle un corchazo, ¿sabés que hace falta? Un francotirador, ¿viste que la mina se pone en el balcón?, hace falta ahí y pimba, un tiro en la cabeza, hacerla mierda (…)”.

Carrizo lo terminarían comprometiendo las conversaciones que se encontraron en su teléfono cuando lo entregó voluntariamente como testigo. “Esto estaba planificado para dentro de una semana (…) hizo todo mal”, le dijo a su hermana, preocupado además porque el arma que se había usado podía ser la suya. Carrizo intentó sostener que había sido todo una broma, pero la Justicia no creyó en que se tratara de simple humor negro.