PIL en Rosario: La gran bestia (post) punk
La banda de John Lydon, leyenda de Sex Pistols, hizo historia en La Sala de las Artes, con un show potente, genuino y arrollador
Por Lucas Rivero
Sin imposturas y llevando la esencia de la piedra basal del punk como estandarte, Public Image Ltd. envolvió al público rosarino en un show de casi una hora y cuarenta y cuarenta y cinco, en la que repasaron sus hits y se introdujeron en algunos de los pasajes más recónditos de su discografía. La autoridad reverencial que impone la presencia de John Lydon en el escenario es difícil de calificar. La grandeza de quien a los setenta años no tiene nada que fingir o simular, sin temor a atreverse, a ir por todo y más. Lydon no canta, ruge. Cada gesto es un trazo escénico que se amalgama con las expresiones de su rostro que sintetiza lo espeluznante. Cada integrante de la banda se destaca logrando un sonido envolvente, una bocanada de aire fresco para el público que celebró cada acorde. Una fauna variopinta de rosarinos y aledaños colmaron la mítica esquina de Suipacha y Güemes, desde los pos 45 que llegaron a apreciar algunos destellos de la belle epoque del punk rock, hasta veinteañeras con look de colegiala y ojos delineados, todos fusionados en un mismo pogo. La gira “This Is Not the Last Tour” está lejos de lo predecible, como todo lo que engloba a PIL.
Parte de lo más inusitado del show son los pocos celulares que intentaban tomar una captura para demostrar en las redes haber sido “parte de”, apenas algunos móviles para tomar un simple recuerdo a modo de souvenir. Hecho insólito hoy día, donde se puede observar en cualquier show una marea de pantallas más pendientes de la exhibición que de la contemplación en tiempo presente. Una austera escenografía mostró una bandera roja con la simbología de la banda acaparando el fondo, no hizo falta más, ni gran parafernalia con efectos especiales, ni pirotecnia, mucho menos autotune. La versatilidad, la singularidad y en desenfado de John Lydon es digno de asombro. El rostro manifiesto de quien envejece joven, reflejado en el resto de los músicos y en un buena fracción del público. La humildad de quien está más allá del bien y del mal, y es consciente de la responsabilidad que conlleva ser una leyenda y a la vez inimputable.
John Lydon lanzó al público su campera de cuero, también se lo vio lucir un piluso de Rosario Central, hacer un guiño a Messi y hasta soltando una instantánea efusión de agua por la nariz. El cantante interactuó con los rosarinos con amabilidad y natural picardía. Con su cresta rubia saludó presentándose. “Enjoy or die. Good evening everybody” expresó dando paso a “Home” seguida de “Know Now”. Durante la expandida “Corporate”, quitó con gracia sus tiradores amarillos luciendo su camisa roja de mangas cortas. La exquisitez con la que pronuncia cada letra, cada fonema, lo convierte además en un ávido intérprete además de procaz. PIL transgredió al género punk de la génesis con Sid Vicious, consolidando un brío progresivo bien acentuado. Se pudo vivir a lo largo de la noche en temas como “Paptones”, “Death Disco” o “Flowers Of Romance”. Hubo espacio para apropiarse de algún cover como “World destruction” de Time Zone y para los primeros pogos desbocados en “This Not a Love Song”.
Los límites entre el final de un tema y el inicio de otro parecían desdibujados por momentos, más bien una canción permea a la otra, y es allí donde se resignifica el viaje que propone PIL en lugar de la complaciente fórmula de un decálogo de hits. Sus fans tampoco pretenden eso, sino que van al encuentro de lo que pueda ocurrir junto al entendible deseo de sentir en vivo algunos de los temas más atesorados. “Warrior” y “Shoom” son algunos de ellos y fueron los elegidos para el primer final de la noche. Tras un prolongado interludio en silencio, los músicos regresaron al escenario acogidos por otra ovación. El clásico “Public Image” soñó con absoluta distorsión desembocando en “Open Up”, de Leftfield. El frontman se tomó su tiempo para alabar a cada uno de los músicos en ese trance sonoro . “Rise” fue una de las más ansiadas del show, con un escenario teñido de azul y luces blancas John Lydon entregó lo máximo de su capacidad vocal con alaridos estridentes. “Annalisa”, otra de las infaltables fusionada con extractos de “Attack” y “Chant” marcaron el cierre de un show memorable. Los cuatro músicos recibieron la fervorosa y respetuosa reverencia del público rosarino, con un John Lydon visiblemente emocionado. Envejecer con juventud, parte de la letra chica del punk.



