Ricardo Montaner en Rosario: Un ‘último regreso’ inolvidable

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 El emblemático cantante emocionó a Rosario con un show de más de dos horas, marcado por los clásicos que conmovieron a varias generaciones

Por Lucas Rivero 

Todos conocemos al menos diez canciones de Montaner, sin embargo la experiencia de escuchar esa voz privilegiada, fácilmente reconocible e impregnada en la memoria de la música en español, es incomparable. Cada nota y cada verso erizaron la piel de los miles de rosarios que llenaron Metropolitano. Luego de tres Movistar Arena agotados, el artista desplegó toda su destreza escénica, con reverencial presencia, aplomo y profesionalismo. En ésta cuarta función de “El Último Regreso”, el artista de casi setenta años no dejó nada por entregar ni por sacrificar. Dos años y medio de ausencia es un tiempo dilatado para quien ha dedicado la totalidad de su vida a los escenarios y a su público. A su vez, también una oportunidad: “me sirvieron para mirar el detalle”, declaró el artista luego de dar la bienvenida. La puesta en escena estuvo más que a la altura y sin afán de grandilocuencia, con una parafernalia que incluía cinco pantallas verticales de última generación al fondo ilustrando diferentes escenarios. En el techo hacía el frente, se desprendida otra pantalla que continuaba a la central generando un efecto tridimensional, sumando las laterales que transmitían el show para que hasta la última persona pueda contemplarlo todo .

   A las 21:10 se apagaron las luces a pesar de que la gente continuaba ubicándose. Fiel a su medida puntualidad, el artista salió al escenario anticipado por un conciso preludio. La orquesta acompañó con suma experticia y virtuosismo. Más de diez músicos ubicados en diferentes tarimas plateadas se lucieron en cada tema con solidez y versatilidad musical. En una suerte de caleidoscopio de puertas que transportaban a diferentes dimensiones, Ricardo Montaner ingresó desde el fondo, de blanco y negro impecable, y recibido con la ovación que amerita. “Yo que te amé”, fue la elegida para comenzar. A lo largo de sus giras el cantante determinaba un inicio con temas movidos, dado a que al finalizar percibía que el resultado no era el mismo que si despegaba con alguno lento. Sin embargo, en los últimos tours invirtió la fórmula y ésta no iba a ser la excepción. Al tratarse de un regreso signado por una potente carga emocional, un tema de su primer álbum es más propicio, además de movilizante. “Es el momento, acércate a mi” fue el primer verso que Montaner soltó, arrancado más de una lágrima.

  “Será”, continuó con un setlist plagado de hits y de sorpresas. El vaivén de manos extendidas por el aire al ritmo del estribillo mostraron a un público fervoroso y para nada estático. El regocijo de la gente se desencontraba por instantes con el escozor habitual de ésta era, ante la obstrucción visual de los celulares de quienes querían llevarse un recuerdo del show. Una pila de relojes acaparaban la pantalla durante “Donde irá el amor”, al igual que unos inmensos ventanales durante “Castillo azul”. “El poder de tu amor” fue una de las más conmovedoras de la noche, donde la proeza vocal y el oído de Montaner se volvían más sorprendentes. Sus coristas conformaron un colchón de voces que aportaban mayor estridencia a las armonías. Con nubes rosas detrás, regaló una sentida versión de “La cima del cielo” que el público acompañó con entusiasmo. Ricardo esperó a que culminara el sexto tema para saludar y dialogar con su público: “Nunca escribo un parlamento de lo que voy a decir cuando comienzo un recital. Me dejo llevar por lo que va sucediendo”, expresó en el comienzo de un prolongado speech en el que afirmó sentirse “lleno de emoción y de alegría”.

  “El último regreso”, destacó el leit motiv del show y fue acompañada por respetuoso silencio de su público. Los temas de las novelas son infaltables y activaron  nuevamente la nostalgia. “Ay amor”, de la recordada Padre Coraje y “Volver” de Valientes, lo llevaron a recorrer cada extremo del escenario. Es complejo para un artista de un trayectoria tan prolífica y con un repertorio tan extenso, complacer los pedidos más estrambóticos de sus fans, al menos que el concierto dure cinco horas. Es por eso que con avidez y meticulosidad, Montaner regaló un mix de algunos los lados B atesorados de su discografía. Así es que sonaron sin stop “Solo con un beso”, “La mujer de mi vida” con brío tanguera, “Ojos negros”, “Yo sin ti”, la celebrada “Yo puedo hacer”, “Convénceme”, “Resumiendo” y un final cargado de épica con “Quisiera”. Esa misma fórmula se repitió con los temas más rockeros como “No me entregues tu amor”, “Corazón fracturado”, “Necesito de ti” y “La chica del ascensor”. El público bailó al ritmo del interludio hasta que regresó el cantante. Con un escenario vestido de multicolor sonaron sus hits más movidos, como “Soy feliz”, “Cachita” y “Vamos pa’ la conga”.

  El baile y la celebración propiciada por el Montaner fue uno de los momentos más notables del show, que luego amenizó con una de sus baladas más recientes. De saco gris y sentado en su banqueta azul, el artista entregó una poderosa versión de “Te adoraré”, seguida del clásico “Bésame” alcanzando el punto cumbre con la inoxidable “Me va a extrañar”. Se despidió de su gente por pocos minutos, desatando euforia con el comienzo de “Déjame llorar”. Luego de éste otro hit indiscutible, Montaner se tomó su tiempo para compartir una reflexión con foco en sus creencias religiosas: “Deje que Dios pase primero y ha sido una noche maravillosa”, seguida de una conmovedora versión de “La gloria de Dios”. El final estuvo en manos de “Tan enamorados”, con el público de pie cantando a gritos una de las baladas románticas más emblemáticas. Con la banda de fondo y una lluvia de papeles blancos, Ricardo Montaner lanzó decenas de toallas blancas con el nombre de la gira inscripto, escribiendo una de las páginas más destacadas entre los espectáculos internacionales que visitaron la ciudad éste último tiempo. Luego de dos horas selladas por la nostalgia y fervor, quedó de manifiesto que éste ‘último regreso’ abre un largo recorrido y una lejana despedida.

 

FOTOS: Ph Diego de Bruno (@diegodebruno)