Eterno Bisbal: El artista deslumbró a Rosario
David Bisbal regresó a la ciudad con su Tour Eternos en Metropolitano. Excelencia musical y virtuosismo desbordante. Dos horas de clásicos propios y ajenos provocaron asombro y emoción.
“De Almería para Rosario”, exclamó el cantante despidiéndose tras un movilizante reencuentro con Rosario a de más de diez años de su última visita. Flameando con orgullo y en estado de gracia una inmensa bandera que amalgamaba las banderas de Argentina y España, reafirmó en vínculo indeleble que mantiene con el país. Un ‘corazón latino’ de entrañas españolas que alcanzó lo que pocos artistas: ponerse aún mejor con el correr de los años, solidez y expansión en una carrera ascendente. Talentos como el de Bisbal trascienden las modas, tendencias y cualquier ranking. Su estridente y fácilmente perceptible voz, y el ímpetu sanguíneo a la hora de hacer propio cualquier género musical, lo convierten en un artista imprescindible. Melodías atemporales de su extenso repertorio en casi veinticinco años, sonaron con el mismo vigor y con un agregado de exquisitez en los arreglos sonoros que refrescan las versiones originales. También vistió algunas de las mejores galas de la música en español que integran su álbum “Eternos”, donde imprime su sello y viste de su esencia temas de Raphael, Juan Gabriel, Julio Iglesias y otros emblemas. David Bisbal se apropió del escenario con encanto, soltura, histrionismo y suma maestría. Hasta el detalle más meticuloso puesto al servicio de un espectáculo eminente. El resultado fue más que logrado, tope de gama.
Dos horas de show para la exigencia vocal y física de Bisbal es demasiado. Una notoria disciplina en el cuidado de su instrumento y una calculada administración del aire en los agudos y las notas sostenidas, ponen de manifiesto que el talento se potencia y prolifera con un trabajo incesante. Una acertada playslist de cantantes españoles amenizaron la espera con temas de La Orgeja de Van Gogh, Camarón, Estopa y tantos otros. Entre una batería de hits es inevitable que no haya alguna faltante en un setlist que siempre tiene presentes las que el público anhela cantar a los gritos. Metropolitano se encontraba repleto y expectante. Varias generaciones fusionadas en las butacas se pusieron de pie apenas iniciado el primer acorde. La primera fila de un extremo a otro ocupada por sus fans más acérrimas, que fueron lookeadas con el mismo atuendo en tono azul eléctrico. Madres, hijas, abuelas entre carteles que expresaban cariño y un sopor a perfume que sobrevolaba Metropolitano, contaron al unísono la cuenta regresiva que desató una ovación al apagarse las luces.
La puesta de nivel internacional con gran despliegue planteó un escenario de figuras semicirculares, desde lo alto en las luces hasta los leds que bordeaban el escenario. Una inmensa pantalla en el centro con otros dos achatadas de cada lado, y un par más a cada costado que transmitió cada detalle del show. Unas seis escaleras que recorrió el cantante interactuando con sus ocho músicos dotados de avidez y versatilidad. Nada librado al azar para una noche irrepetible. Cerca de las 21:15 horas, con los primeros atisbos que dibujaron el clásico “Vivir así es morir de amor”, David Bisbal irrumpió desde lo alto del escenario recibiendo aplausos y alaridos impregnados de euforia. Una sola oración bastó para mostrar su encomiable potencia vocal y conquistar nuevamente al público rosarino. Tras de una sublime interpretación de “Adoro”, de Armando Manzanero, Bisbal brindó una sentida bienvenida y pidió “Un abrazo y un beso para toda la banda y la gente de producción que no se ve”, reconociendo tan valioso trabajo para que todo funcione de manera impoluta y precisa. A su vez anticipó: “Ésto va a ser un no-parar de estar con ustedes”.
“Ojalá no amaneciera nunca y me quedo aquí en Rosario cantando y bailando contigo”, agregó precediendo la recordada “No amanece”. Así explotó el primer tema de su discografía durante el show, dando paso a las efectos especiales con una efusión de volcanes chispeantes. Sin interrupción y de punta en blanco continuó con el hit “Quién me iba a decir”. Entre los clásicos que reversionó en su último disco, homenajeó a Juan Gabriel con “Abrázame muy fuerte”. De la misma forma ocurrió con el compositor Manuel Alejandro durante “El amar y el querer” y “Frente a frente”. También con Julio Iglesias en “Quijote” palpitando el final. “Hay canciones que nos recuerdan a personas que nos recuerdan a personas que ya no están, pero sí lo están de alguna manera”, expresó acompañado por el silencio cómplice de su público como preludio a una conmovedora versión de la balada “El ruido”. David Bisbal se mostró mucho más cercano e interactivo con su gente que en otras ocasiones, permitiéndose mostrar un costado más hilarante y distendido.
“Hay que quitarse ese frío que hace aquí en primavera”, ironizó acerca del cambio climático en el mundo e incentivó al baile con una sucesión de sus hits de ésta década. “Si tú la quieres”, “Perdón” y la rumba “A partir de hoy”, desataron su vena más hostriónica con la que recorrió el escenario de una punta a otra reluciendo los rulos al viento con sus pasos de baile e inconfundibles trazos escénicos. Entre tanto se tomó su tiempo para leer un cartel que rezaba: “Tengo 24 hs para festejar mi cumple y elegí pasarlo con vos”. Incontables muestras de cariño en todas sus formas recibió el artista de parte del público rosarino, al cual le retribuyó con un espectáculo notable. Los músicos se lucieron durante un interludio con guiños al funk mientras el escenario se teñía de rojo para volver a recibir a Bisbal. De saco blanco y por lo alto cantó al son de la guitarra flamenca durante “Camina y ven”. Los vientos alcanzaron gran protagonismo al igual que los lásers que atravesaron toda la platea en un efecto hipnótico.
Las inoxidables “Lloraré las penas” y “Oye el boom” no se hicieron esperar. Los temas que musicalizaron varias telenovelas, tampoco. Así sonaron “Hasta el final”, “Herederos” y “Me enamoré de ti”, de las más celebradas por el público. Flameó en sus manos una y otra vez la bandera argentina que luego reposó sobre sus hombros como parte de su vestuario. La capacidad vocal de Bisbal alcanzó su apogeo en una sublime versión de “Mi princesa”, donde el solo de guitarra flamenca arrancó más de una lágrima. “Díganle” es otro de esos hits infaltables, que se resignifica aún más cuando el cantante le va dibujando un rumbo diferente a la melodía. Para despedirse antes de los bises, nada más acertado que fluir en la armonía del leit motiv del disco “Eternos”. Con el romance al flor de piel, el cantante interpretó “Te quiero, te quiero” para luego regresar tras unos minutos fugaces. De camisa negra entreabierta con transparencias, regaló los últimos hits de la noche: “Esclavo de sus besos”, “Bulería” y la inolvidable “Ave María” marcaron el punto culmine de la noche. Jorge Luis Borges afirmó que ‘todas las personas absortas en la venturosa audición de una misma música, son la misma persona’. Nunca mejor dicho. David Bisbal, en plenitud y en su propia ley, logró que las cuatro mil personas que colmaron Metropolitano se aúnen en la misma melodía. El cometido enigmático y más importante de todo artista.
Lucas Rivero






