Monteverde no se banca que a Rosario le vaya bien
Los Juegos Suramericanos terminaron y dejaron una postal difícil de discutir: Rosario vivió durante dos semanas una verdadera fiesta deportiva y se quedó con infraestructura que permanecerá mucho después de que se hayan apagado las luces de la competencia. En ese escenario hubo, sin embargo, una ausencia política llamativa: la de Juan Monteverde y su espacio
Rosario acaba de atravesar uno de los acontecimientos deportivos más importantes de las últimas décadas. Los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 pusieron a la ciudad en el centro de la escena continental, llenaron escenarios deportivos, movilizaron visitantes y dejaron obras que ahora forman parte del patrimonio de los rosarinos.
Nuevos estadios multipropósito, el Centro Acuático Provincial, la Villa Suramericana y otras intervenciones vinculadas con la infraestructura deportiva fueron parte del legado de una competencia que trascendió largamente los quince días de actividad.
Y mientras Rosario vivía esa transformación, llamó la atención el bajo perfil público que mantuvo Juan Monteverde frente a uno de los acontecimientos más convocantes de la ciudad.
El dirigente de Ciudad Futura, uno de los principales referentes de la oposición rosarina y con aspiraciones políticas hacia el futuro, no tuvo durante los Juegos el protagonismo público que sí suele mostrar frente a otros temas de la agenda municipal.
Y allí aparece inevitablemente una pregunta política: ¿por qué cuesta tanto reconocer cuando a Rosario le va bien?
Porque los Juegos no fueron solamente una fiesta deportiva. Dejaron infraestructura que seguirá siendo utilizada por clubes, deportistas y vecinos cuando ya nadie recuerde el resultado de una competencia.
Pero hay un dato todavía más significativo.
El 28 de agosto, Rosario fue elegida por Panam Sports como sede de los Juegos Panamericanos Junior 2029, imponiéndose a Ciudad de Guatemala. La decisión fue adoptada por representantes de los comités olímpicos del continente y posteriormente quedó formalizada mediante la firma del contrato correspondiente.
Eso significa otra competencia internacional, más infraestructura y una nueva oportunidad para que Rosario vuelva a recibir a miles de deportistas y visitantes.
Frente a semejante noticia, nuevamente la posición pública de Monteverde contrastó con la celebración expresada por distintos sectores de la ciudad.
Se puede cuestionar al intendente Pablo Javkin. Se puede cuestionar al gobernador Maximiliano Pullaro. Se pueden discutir prioridades presupuestarias, modelos de gestión y hasta qué obras necesita Rosario.
Eso es política.
Lo que resulta mucho más difícil de comprender es que las diferencias políticas impidan reconocer aquello que representa una oportunidad para toda la ciudad.
Rosario llegó a los Juegos Suramericanos después de años extremadamente difíciles. Provincia y Municipalidad sostuvieron la realización de la competencia apostando a que la ciudad pudiera recuperar condiciones para organizar un acontecimiento internacional de semejante magnitud.
Los Juegos finalmente se hicieron.
Las obras quedaron.
Y Rosario ya tiene por delante otro desafío todavía mayor: los Panamericanos Junior 2029, que reunirán a jóvenes atletas de los 41 países que integran Panam Sports.
Monteverde tiene todo el derecho a cuestionar al oficialismo y seguramente seguirá haciéndolo. Es parte del juego democrático y de su responsabilidad como opositor.
Pero quien aspira a gobernar Rosario también enfrenta otro desafío: demostrar que puede celebrar los logros de la ciudad incluso cuando esos logros ocurren durante la gestión de sus adversarios políticos.
Porque gobernar una ciudad exige mirar bastante más lejos que el metro cuadrado de la propia fuerza política.
Los gobiernos pasan.
Los dirigentes pasan.
Las obras y las oportunidades que quedan para Rosario deberían estar por encima de todos ellos.
