Gemelos políticos: Aleart y Monteverde, unidos para frenar la legalización de Uber en Rosario
Uno representa a La Libertad Avanza y el otro es la principal referencia de Ciudad Futura. Se muestran en veredas ideológicas opuestas, pero terminaron coincidiendo en sus objeciones al proyecto de Pablo Javkin para regular Uber y DiDi. La paradoja es que mientras la propia empresa respaldó la iniciativa municipal, dos dirigentes que difícilmente aceptarían compartir una misma bandera contribuyeron a postergar su tratamiento
En política, las contradicciones suelen ser tan reveladoras como los discursos. Y lo que ocurrió este jueves en el Concejo Municipal de Rosario dejó una postal que merece ser observada con detenimiento: Juan Pedro Aleart y Juan Monteverde, dos dirigentes que representan proyectos políticos supuestamente antagónicos, terminaron del mismo lado frente a la legalización de Uber.
Uno levanta las banderas de Javier Milei, la libertad de mercado y la desregulación. El otro construyó su identidad política desde Ciudad Futura, con una mirada de mayor intervención estatal y cuestionamientos al modelo económico libertario.
Sin embargo, cuando llegó el momento de avanzar con una regulación concreta para las aplicaciones de transporte, sus diferencias ideológicas no impidieron que ambos espacios coincidieran en sus reparos.
La pregunta es inevitable: ¿qué tienen en común Aleart y Monteverde cuando se trata de Uber?
Al menos esta semana, una consecuencia política: el proyecto de Javkin no avanzó.
La paradoja libertaria: pedir libertad y cuestionar la regulación
Quizás la contradicción más llamativa sea la de Juan Pedro Aleart.
El dirigente de La Libertad Avanza ha defendido públicamente la necesidad de permitir el funcionamiento de las aplicaciones de transporte en Rosario. Su discurso político se apoya en la libertad de elección, la competencia y la reducción de las trabas estatales.
Sin embargo, cuando el Ejecutivo municipal presentó un proyecto para establecer un marco legal para Uber y DiDi, el bloque libertario decidió no acompañarlo en las condiciones propuestas.
Sus objeciones apuntaron a cuestiones como las tarifas mínimas, las tasas y el encuadre de las plataformas dentro del sistema de transporte.
Es cierto que defender la libertad de mercado no obliga a aceptar cualquier regulación. Pero también es legítimo preguntarse hasta qué punto una discusión sobre las condiciones ideales de funcionamiento termina demorando una solución que los propios libertarios vienen reclamando.
La libertad que se reivindica en los discursos también debería encontrar una traducción concreta en las decisiones legislativas.
Porque entre defender la legalización de Uber y contribuir a postergar su tratamiento existe una distancia política que merece explicaciones.
Monteverde y Aleart: distintos discursos, una misma consecuencia
Del otro lado aparece Juan Monteverde, referente de Ciudad Futura y uno de los principales opositores al intendente Pablo Javkin.
Su espacio tiene una concepción diferente sobre el papel del Estado, la regulación de los servicios y las condiciones laborales.
Que Ciudad Futura plantee objeciones a un proyecto de regulación del transporte no resulta, en sí mismo, sorprendente. Forma parte de una discusión coherente con su mirada sobre las políticas públicas.
Lo verdaderamente llamativo es que, en esta oportunidad, sus cuestionamientos confluyeran con los del espacio libertario.
Aleart y Monteverde pueden discutir sobre casi todo, pero frente al proyecto de Uber terminaron compartiendo una misma consecuencia política: la postergación.
No hace falta que exista una alianza formal, una reunión secreta ni un acuerdo escrito para advertir esa coincidencia.
En política, las convergencias también se expresan a través de sus resultados.
Y el resultado de este jueves fue que Rosario sigue esperando una definición.
Uber respaldó el proyecto que la política no pudo aprobar
La paradoja se vuelve todavía más evidente cuando se observa la posición de la propia empresa.
Juan Labaqui, director de Comunicaciones de Uber para el Cono Sur, aseguró en declaraciones a Radio 2 que la iniciativa del Ejecutivo municipal constituye “un paso en la dirección correcta”.
La compañía destacó aspectos del proyecto relacionados con los seguros específicos para la actividad y la posibilidad de integrar a los taxis tradicionales al funcionamiento de las plataformas.
Es decir, la empresa que sería alcanzada por la regulación considera que la propuesta representa un avance, mientras sectores políticos que reclaman soluciones para el transporte mantienen objeciones que impiden alcanzar un acuerdo.
Esto no significa que el proyecto de Javkin sea perfecto ni que deba aprobarse sin modificaciones.
La discusión sobre las tarifas, los controles, las condiciones laborales y la competencia con taxis y remises es necesaria.
Pero una cosa es debatir para mejorar una normativa y otra muy distinta es que las diferencias políticas terminen convirtiéndose en un obstáculo permanente para resolver un problema concreto.
¿Debate sobre Uber o disputa contra Javkin?
La coincidencia entre Aleart y Monteverde también permite plantear otra pregunta: ¿cuánto pesa la discusión sobre el transporte y cuánto influye la disputa política con el intendente?
Ambos dirigentes representan espacios opositores al oficialismo municipal y tienen incentivos políticos para diferenciarse de la gestión de Javkin.
Eso no demuestra que sus objeciones respondan exclusivamente a una estrategia opositora. Pero sería ingenuo analizar el debate sin contemplar el escenario político de Rosario.
En una ciudad donde las discusiones legislativas muchas veces se mezclan con la construcción de posicionamientos electorales, las coincidencias inesperadas merecen una lectura que vaya más allá de los argumentos técnicos.
La oposición tiene todo el derecho de cuestionar un proyecto. Lo que también tiene es la responsabilidad de explicar qué alternativa propone y cómo piensa convertirla en una solución concreta.
Porque para los usuarios, los conductores y quienes necesitan trabajar, la discusión no pasa por quién consigue imponer su posición política, sino por cuándo habrá reglas claras.
Los gemelos de una misma foto política
Aleart y Monteverde seguramente rechazarían que se los considere aliados. Sus diferencias ideológicas son reales y profundas.
Pero la política también se explica por lo que sucede, no solamente por lo que sus protagonistas dicen representar.
Y este jueves sucedió algo difícil de ignorar: dos dirigentes que construyen buena parte de su identidad desde posiciones enfrentadas terminaron coincidiendo frente a una iniciativa del Ejecutivo municipal.
Uno desde el liberalismo económico. El otro desde una fuerza de izquierda y centroizquierda.
Uno reivindicando menos Estado. El otro defendiendo un Estado con mayor intervención.
Dos discursos distintos, una misma postergación.
Mientras tanto, Uber consideró que el proyecto municipal va en la dirección correcta y el oficialismo deberá volver a buscar consensos para avanzar con la regulación.
Quizás la imagen más representativa de esta discusión no sea la de un automóvil de Uber ni la de un taxi esperando pasajeros.
Quizás sea la de Aleart y Monteverde, políticamente enfrentados, pero circunstancialmente ubicados del mismo lado de una votación que todavía no llegó.
Porque en Rosario, al menos cuando se trata de Uber, los extremos ideológicos demostraron que también pueden encontrarse. Y esta vez, el punto de encuentro fue frenar el avance de una solución legislativa.
