“Felices de estar contentos”: Kapanga celebró 30 años en Rosario
Clásicos atemporales y un estado de celebración incesante vibró en L2 Arena. Dos horas y diez recorrieron tres décadas con solidez y a puro hit
‘Estaba todo tan mal pero volvió la alegría’. Festejar es imprescindible aunque los motivos escaseen. Tal vez la razón más valiosa para celebrar es el encuentro que abraza a muchas personas en una misma melodía que los convoca al unísono. O la hermosa paradoja de que el mayor motivo para un festejo es que no hacen falta motivos. Sonidos familiares que siempre reverberan alguna fibra que suscita una danza colectiva, los pies se mueven por añadidura, las gargantas resuenan con canciones inoxidables y las sonrisas se dibujan en cientos de rostros, inconscientemente y por decantación natural. Kapanga genera todo ésto y más durante tres décadas de trayectoria con un ritmo que sostiene las melodías que se impregnan fácilmente en la memoria popular, con la sátira como estandarte y un afán reticente a lo políticamente correcto. El humor en medidas cuotas es un sesgo distintivo del show donde se acentúa y se refresca la complicidad entre Maikel y el Mono, dos invencibles. Noticias de sanación y ritmos variados que se expandieron al servicio del disfrute de todos los rosarinos que llenaron La Segunda Seguros Arena. La banda oriunda de Quilmes entregó una potente fiesta a la altura de sus 30 años con un sonido envolvente, la celebración en la sangre y un mensaje en su esencia.
“Kapanga es una banda federal, recorremos el país de norte a sur, de este a oeste hace más de 30 años”, afirmó el cantante y frontman del grupo cerca del final del show, y estuvo en lo cierto. A su vez dio fe de que Rosario y Mar del Plata son las ciudades en las que más tocaron. En su última visita a la ciudad en La Sala de las Artes hace algunos años, con propósito del aniversario de dos discos iconicos en ‘Un asado botánico Tour’, varios temas añorados por sus fans quedaron afuera. En un show que celebra toda una carrera no se hicieron esperar. Banderas flameando, disfraces, remeras coloridas con las inconfundibles tapas de los álbumes, un círculo abierto palpitando el pogo, más de uno subido a los hombros sin un celular en la mano. Es un bálsamo hoy día ver en un concierto más rostros conectados con lo que ocurre en el escenario y sin la pantalla de un móvil en frente. Dos minutos antes de las 21 horas la inmensa pantalla de L2 Arena se encendió en una introducción signada por las andanzas de gatos en callejones baldíos como el del Bronx newyorkino con patrulleros de fondo, en un guiño directo a su impronta barrial.
El clásico “Ramón” fue la que dio inicio al show explotando la euforia de todos los rosarinos. Imágenes de Don Ramón del inmortal Chavo del 8 ilustraron de fondo el impredecible comienzo. Introducciones engañosas precedieron a cada tema, maximizando el entusiasmo al primer instante en que se percibía una melodía conocida. Tanto en “Bisabuelo” como en cada tema, El Mono Fabio recorrió con impronta y picardía cada extremo del escenario. A los primeros minutos expresó: “Un placer venir a ésta ciudad, más cuando una banda cumple 30 años como nosotros”. Es casi imposible que todos los temas entren armoniosamente en poco más de dos horas, por esto algunas pocas fueron acortadas. Sin stop en formato Medley se escucharon “Fumar”, “El bailarín asesino” y “Desesperado”, sin olvidar la explícita mirada social con la que Kapanga ilustró una pintura de época a comienzos de los dosmiles. Evocando a su película en la pantalla se vio el prefacio de Kapanga Sono Film Todoterreno, dando lugar a “El albañil”.
La ironía hacía el ‘Kooling break’ implementado en el fútbol se repitió en varios trazos del show así como los guiños actuales hacia la moda de ‘farmear aura’. Ya hidratados hicieron bailar al público rosarino a ritmo del ‘cuarteto exprés’ con “Mesa 4”. El hit dosmilero “Rock” seguida de la recordada “Amor pulpo”, antecedieron a la imagen de Milo J en pantallas entonando la reciente “No me sueltes”, una de las más celebradas de la noche. El momento más movilizante del show estuvo en manos de “Maikel” del Luna Campos, quien anunció su curación definitiva luego de tres años de lucha afrontando un delicado problema de salud. Ante una ovación muy sentida conmovió con una exquisita versión de “Hoy reggae” precedida con un arrollador solo de guitarra en “Robar para vivir”. Los ecos de ‘Operación rebenque’ retumbaron en el ska “Go”, acentuando el pogo en “Sok La Taberna”. De camisa abierta y rosa en mano, el Mono Fabio recordó a Leo Mattioli, el León Santafesino, con un aplaudido fragmento de “Me preocupa sin ti” destacando: “Ese sí que farmeaba aura”. Nunca mejor dicho.
Hits como “Contramano”, la electro “Miami (Guarda a la salida)”, “Descarte” con letra en pantalla, continuaron con el show en la antesala al momento de mayor cercanía. El cantante bajó del escenario durante “Desearía” compartiendo mutuas muestras de cariño con su gente en contacto directo. La fiesta continuó sin stop con clásicos como “El universal” y “X2 La Caravana”. En los shows aniversario siempre es obligado algún Lado B que no sea tan habitual en vivo, “La momia blanca” cumplió esa función. El cuarteto volvió a escena en una mixtura de “Amor secreto” y “Agujita de oro”, sumando un guiño a La Mona Giménez con un extracto de “Despierta corazón”. ‘La noche cómplice’ palpitaba su final con “La crudita” y las infaltables “En el camino”, “Me mata” y “El mono relojero”. Al recibir la última reverencia del público rosarino Kapanga reiteró su cariño y gratitud de la forma más sentida. Nadie quería irse a dormir, por eso la celebración siguió su curso con las luces estaban encendidas y la banda fuera del escenario. ‘El comienzo del fin es haber empezado’, reza un estribillo de hace años, y aún así lo que producen éstas canciones no tiene punto final.
Lucas Rivero
FOTOS: Ph. Diego de Bruno (@diegodebruno)





